Siempre que te sientas triste, siéntate en silencio y deja que esa tristeza te invada; no trates de escapar de ella. Siéntete lo más triste que puedas. No la evites. Recuerda esto. Llora al máximo, tírate por el suelo, revuélcate... y deja que desaparezca por sí misma. No la expulses, se irá, porque nada permanece para siempre.
Cuando se vaya, te sentirás descargado, absolutamente aliviado, como si toda fuerza de gravedad hubiera desaparecido y pudieras volar, sin peso alguno. Es el momento de entrar en ti mismo. Primero, ábrete a la tristeza. Normalmente no te abres a ella; buscas sistemas para poder fijarte en otras cosas: vas al restaurante, te reúnes con amigos, lees un libro, vas al cine, o tocas la guitarra; haces algo para poder sumirte en ello y distraer tu atención.
Cuando se vaya, te sentirás descargado, absolutamente aliviado, como si toda fuerza de gravedad hubiera desaparecido y pudieras volar, sin peso alguno. Es el momento de entrar en ti mismo. Primero, ábrete a la tristeza. Normalmente no te abres a ella; buscas sistemas para poder fijarte en otras cosas: vas al restaurante, te reúnes con amigos, lees un libro, vas al cine, o tocas la guitarra; haces algo para poder sumirte en ello y distraer tu atención.



